¿Debemos sorprendernos con algunos peruanos “notables” (y otros no tanto) por la actitud que tienen frente a los resultados electorales que les han sido adversos?
Es lamentable que el Sr. PPK y demás supuestos sabios, gurúes y pitonisos (no incluyo al alquilado, fallido y supuesto clarividente brasileño) de la economía y política, realicen increíbles esfuerzos para anunciar y hasta promover una supuesta debacle para el Perú, la misma que utilizaron para intentar asustarnos durante la campaña y que a pesar de haber sido de decencia dudosa en el contexto electoral; ya al haber concluido esa etapa, no deberían insistir en ella. Lo contrario deberá entenderse sólo como una rabieta infantil al no haber logrado el capricho de su majadería ó en un (ese sí muy preocupante) objetivo consciente de boicotear no sólo al próximo gobierno, sino también a la economía y estabilidad social del Perú, sin importar las consecuencias, sobre todo para los que siempre pagan los platos rotos: los que no tienen la alternativa (que sí tienen estas bestias de mal agüero y peor entraña) de salir huyendo con su patrimonio en el pico, cual aves carroñeras, sin más ligazón con su tierra que la del interés peregrino de obtener el máximo beneficio para ellos mismos, al mínimo costo y sin importar a quienes deban sacrificar.
Es hora pues, de que todos los peruanos (verdaderos) pongamos nuestras mentes y corazones al servicio, no de un gobierno, sino de los intereses del Perú ¿ó es que ya nos olvidamos de la democracia que decimos defender? Y que asumiendo cada quien su posición, continuemos trabajando (y a los que no lo han hecho nunca, comiencen a hacerlo, porque no se trata tampoco, que los laboriosos mantengan a los ociosos) por el engrandecimiento del país que anhelamos.
Guardemos pues nuestra energía, creatividad y coraje para, si llegase a ser necesario, reclamar por lo que pudiese hacerse mal y defender esta vez sí, nuestro derecho a tener la conducción correcta que nuestro país necesita de su gobierno; y que no nos ocurra como en la década de los 90, en que nuestra cobardía nos hizo cómplices al callar y mirar para otro lado.
Ricardo Pflucker C.
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